PALAZO MUY DOLOROSO
El Sevilla encarriló la eliminatoria en los primeros diez minutos e incluso Kanouté solucionó la papeleta que supuso el primer gol de Deivid. En la segunda parte el Fenerbahçe buscó el gol, lo logró y tras una prórroga de querer y no poder todo se decidió en una infame tanda de penaltis
Esta noche el Sevilla ha recibido el palo más duro que se recuerda en los últimos tiempos. Demasiado despiadado ha sido el fútbol esta noche en Nervión. Demasiado. Nervión respondió, rugió, cantó desde lo más hondo de sus entrañas el himno del Centenario y preparó un ambiente ideal para que los hispalenses encarrilaran la eliminatoria. Así lo hicieron. En diez minutos el Sevilla ya ganaba 2-0 gracias a dos trallazos lejanos de Daniel y Keita. Todo era poesía en una noche que se antojaba épica, parecía que se consumaba otra remontada europea imborrable. Pero no fue así. El equipo se complicó la vida en una jugada a balón parado que acababa con gol de Deivid diez minutos más tarde. No obstante el equipo arriba daba la cara y Kanouté depués de bajar el enésimo balón del cielo hacía el primero revolviéndose en el corazón del área.
Con 3-1 se llegaba al descanso. Era un resultado engañoso porque un gol de los turcos los metía en la prórroga. El Sevilla esperaba en defensa, empujado atrás por el ímpetu del Fenerbahçe, aunque aguantaba el tirón bien. El reloj corría, Jiménez introducía a Renato para ganar balón por Luis Fabiano cuando quedaban quince minutos para el final. Los cuartos se acariciaban hasta que en el 79 Deivid hacía el segundo de su equipo y forzaba los treinta minutos del tiempo reglamentario.
En la prórroga, con Enzo Maresca en el campo, que había suplido a Poulsen, se vio de nuevo a un Sevilla ambicioso, metiendo atrás al Fenerbahçe. Renato disponía de dos buenísimas ocasiones pero la suerte no estaba del lado del brasileño. Los turcos ya habían renunciado a un hipotético tercero y arañaban en cada acción defensiva y las ganas de los nervionenses se acabaron diluyendo con el pasar de los minutos.
Llegaron los penaltis y la fortuna no sonrió a los andaluces. Escudé, Maresca y Daniel erraron desde los once metros y las ilusiones por llegar a cuartos de final se fueron en la fría noche del Ramón Sánchez Pizjuán. Desenlace tormentoso, realmente atroz, el de un partido que demostró como en el fútbol se puede pasar en pocos minutos de la suma felicidad a la desazón más absoluta. El Sevilla con un claro 2-0 lo tuvo todo para seguir adelante pero increiblemente no supo dominar la situación.